De Agullent a Agres. Y en marcha..


Castillo - Monasterio de la Mare de Deu d'AgresLa estancia en el Monasterio de San Jacinto de los Dominicos de Agullent fue muy breve y dolorosa. Tenemos noticias bien documentadas recogidas a través de la correspondencia que mantuvo el obispo de Luçon desde la  Suiza italiana, Mr. de Mercy, quien les escribía con mucha frecuencia y algunas de cuyas cartas se han conservado. No así las que les dirigía el Vicario Paillou, aunque por las respuestas hemos podido saber indirectamente, algo de lo que les acaeció en Agullent.

De Agullent tuvieron que trasladares al Monasterio de los Franciscanos en Agres, a escasos kilómetros del anterior, donde la acogida, condiciones materiales de vida, cuidados, posibilidad de dedicarse a la oración y al estudio les hizo vivir una de las etapas más felices de su penoso exilio.

Agres , a 75 km de  Alicante, bellísimo paraje en lo alto de la Sierra de Mariola " llena de flores.. donde cantan las aves, trinos de amores.." dice una canción popular.
Sobre las ruinas del Alcazar  árabe, habían construido los franciscanos el Monasterio en torno a un  lugar de peregrinación: el Santuario de la Mare de Deu del Castillo d'Agres.
Allí se veneraba una imagen románica de la Virgen, que según la leyenda se apareció milagrosamente en Agres, después del incendio de Santa María de Alicante.

Al pie del Monasterio un pequeño pueblo con empinadas cuestas. Ascendiendo, el pico Montcabrer de 1.390 m.con el Pou de Neu y otros, que no son sino grandes cavas o neveras, destinadas desde antaño, al almacenamiento de nieve durante el invierno para vender en el verano agua fresca sana y abundante por los alrededores. Muy cerca Els Banyets d'Agres, manantiales de aguas termales..

Los franciscanos en el convento se dedicaban a la oración, al trabajo y a su formación, para la cual disponían de una amplia biblioteca. Tenían autorización para  pedir limosna por los alrededores y solían ir cabalgando sobre el único asno que tenían. Trabajaban la huerta y los bancales para su sustento Acceso al Castillo de Agres

¿ Qué pudo suponer  la vida entre los Franciscanos de Agres para los eclesiásticos franceses que venían de sufrir un ambiente de rechazo, y  que oían ya los primeros fragores de la guerra?

Sabemos por la correspondencia con el obispo Mercy, cómo la estancia en Agres  fue tiempo de paz,  bienestar y  bendición. Pero Agres  les duró muy poco. Apenas  tres meses.
En vista de  que la situación se agravaba y ante los rumores de que iban a ser de nuevo internados por encontrarse próximos a la costa,  el Vicario
Paillou pidió asilo al obispo de Astorga quien les ofreció su apoyo incondicional y los medios que necesitaran para su subsistencia.

Con todo, les quedaba la etapa más larga de su exilio. Tendrían que cruzar Castilla  en plena guerra  para llegar hasta el otro extremo de la península, a los confines de la provincia de León. 
Fue así como a finales de Abril de 1793  se pusieron de nuevo en camino.

El estado de salud de Pedro Martín Baudouin  se iba agravando y por ello al  pasar por Madrid,  camino de Astorga, comunicaron su situación al Vicario General  del  Cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, a quien pertenecía la villa de Madrid, inserta en el Vicariato de Alcalá de Henares. 

El grupo Paillou marchó lejos una vez más. Los hermanos Baudouin se desplazaron a Toledo viendo marchar a Astorga a sus compañeros de exilio. Esta vez  el destino fue definitivo y por largo tiempo.

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